este es un mini ansiado regreso, leve, pero merecido.
los pasados 17, 18 y 19 de Julio se conmemoraron 5 años de la primer visita de Pearl Jam a México…
Se siente muy cabron el paso del tiempo, en aquellos días su servidor tenia 24 años, más energías y menos dinero; solo hice acto de presencia en la última fecha por la pranganez que me cargaba…, no habia varo.
Gracias a la magia de las chambas urgentes tuve en mis manos la maravillosa cantidad de $400.ºº, los cuales coloqué cuidadosamente en el interior de mi cartera, la cual a su vez introduje en el bolsillo derecho de mi pantalón (no suelo usar el trasero-entiendase “bolsillo”) y me arrojé a la aventura.
Le nombro así porque
1. era la primera vez que venia PJ, igual a harta perrada en un solo sitio
2.mi no tener boleto
3. iba a estar en chino que consiguiera uno, sobre todo, uno de los baratos.
Pocas veces me ha tocado ver tal congregación de greñudos, mugrosos y rocanroleros conviviendo en un solo lugar, casi siempre en días de toquines…y no hablo del Chopo, sino del servicio metropolitano de transporte de la gran Ciudad de México, el metro; mi ruta fue de Barranca del Muerto a Tacubaya y de ahi a Velodromo.
La partida de casa fue como a las 4:00 pm, las taquillas del Palacio de Los Deportes en aquella ocasión iban a cerrar sus ventanillas a las 5:00 pm…., conociendo de sobremanera los tiempos de recorrido del transporte público me dije a mi mismo “mi mismo, si la armas, si llegas, sin pedos”…., pudo haber sido así, pero no contaba con la bendita ley de murphy (si algo puede salir mal, va a salir mal), al condenado gusano anaranjado se le hizo una gran puntada el quedarse unos 5 minutos en cada estación, lo cual acrecentó mi tiempo de paseo unos 20 más.
Cual si fuera un perseguido por la migra, emprendí la carrera hacia mi meta, las taquillas…., pero al llegar ahí me di cuenta que eran las 17 horas con 20 minutos, o sease, ya me la habia pelado, estaba cerrado….
Decidí vagar entre los puestecillos para ahogar mi tristeza por no poder ver a la banda de mis amores, ya que los revendedores abusaban de mi amor por la agrupación de grunge y elevaban los costos aproximadamente un 246.75%, tons pos no me alcanzaba.
En ese hora y media que estuve rondando el tianguis musical/cultural a las afueras del lugar me gané un cd con hartos emepetreses de el grupo en cuestión, nomas respondiendo “una pregunta de fan”; eso bastó para que mi corazón se sintiera menos deprimido, sentimiento que reflejaba el clima en esos momentos, ya que un tremebundo aguacero se hizo presente sin decir “agua va!”…
Pa ese rato ya eran como las ocho de la noche, me disponia a partir cuando, como cuento de hans christian andersen (lease: la vendedora de cerillas) se me acercó una pequeña niña revendedora y me ofreció un boleto de 150 en 300, lo cual, pa los parametros de los revendedores mayores, era una verdadera ganga!
Así que, con el cuerpo mojado casi en su totalidad, el corazón a mil por hora con vuelcos de 360 grados y la emoción que me provocaba temblores, pagué el boleto, me arrimé al enrejado de la entrada y corrí y corrí y corrí al encuentro con una de las noches más chingonas de toda mi vida.